Facility Management and Services 44

/ Primer trimestre 2026 18 ENTREVISTA PROTAGONISTAS FM&S que cuidan a las personas cada día, casi sin que se den cuenta porque funcionan, acompañan y no desgastan. La digitalización del espacio nos da datos (ocupación, uso de salas). ¿Cómo pueden estos datos ayudar a RR.HH. a tomar mejores decisiones sobre el diseño de la jornada laboral? Esta digitalización aporta algo clave a RR.HH.: evidencia. Datos sobre ocupación, uso de salas o patrones de presencia permiten pasar de intuiciones a decisiones informadas sobre cómo, cuándo y para qué se trabaja mejor. Estos datos ayudan, en primer lugar, a entender los ritmos reales de la organización, no los teóricos. Saber qué días hay más presencia, en qué franjas horarias se concentra la colaboración o qué espacios se infrautilizan permite diseñar jornadas más coherentes con la forma real de trabajar de las personas. Esto evita imponer modelos rígidos y favorece una mayor adaptación a las necesidades del negocio y de los equipos. Además, la información sobre el uso del espacio puede orientar políticas de flexibilidad y trabajo híbrido más equilibradas. Por ejemplo, identificar qué actividades funcionan mejor en presencial y cuáles no requieren coincidencia física ayuda a dar sentido a los días en oficina y a reducir fricciones innecesarias. Además, estos datos también permiten anticipar riesgos: sobrecarga de espacios, fatiga por exceso de reuniones presenciales, o falta de zonas adecuadas para la concentración. Leídos con criterio, los datos se convierten en una herramienta para cuidar la experiencia del empleado, no para controlar su comportamiento. La clave está en cómo se utilizan. Cuando los datos del workplace se interpretan con una mirada ética y centrada en las personas, ayudan a diseñar jornadas más saludables, productivas y sostenibles. No se trata de vigilar, sino de comprender mejor cómo trabajamos para decidir mejor cómo queremos trabajar. En un entorno cada vez más tecnológico, ¿cuál es el reto de mantener el toque humano en la gestión de los servicios? El gran reto no es incorporar más sistemas, sino evitar que la tecnología desplace la experiencia humana. La digitalización del edificio debe estar al servicio de las personas, no al revés. Cuando la tecnología acompaña sin invadir y facilita la vida, suma; cuando se impone, distancia. Mantener el toque humano implica diseñar servicios que sean intuitivos, empáticos y accesibles. Que una persona se sienta bienvenida, orientada y cuidada sigue siendo tan importante como contar con sistemas inteligentes. La sensación de hospitalidad es una experiencia, no un proceso. Y por eso, la atención y la capacidad de respuesta no pueden automatizarse del todo sin perder valor. Además, el factor humano es clave para interpretar lo que la tecnología no ve. Los datos pueden indicar cómo se usa un espacio, pero no explican cómo se sienten las personas en él. Ahí es donde el FM, en conexión con RR.HH., aporta sensibilidad, criterio y contexto. Escuchar, observar y conversar sigue siendo imprescindible para ajustar los servicios a las necesidades reales y cambiantes. El verdadero equilibrio se alcanza cuando la tecnología libera tiempo y energía para lo que importa: relaciones de calidad, confianza y bienestar. En ese punto, el edificio deja de ser un entorno tecnificado y se convierte en un espacio vivido, cercano y humano. El reto no es elegir entre tecnología o personas, sino usar la tecnología para cuidar mejor a las personas. Y ese sigue siendo, hoy y siempre, el mayor indicador de éxito. El compromiso con el planeta es clave en la AEDRH. ¿De qué manera un espacio gestionado bajo criterios ESG atrae a las nuevas generaciones (Gen Z) que buscan propósito en su lugar de trabajo? Para las nuevas generaciones, el compromiso con el planeta no es un atributo añadido, es un criterio de elección. Buscan coherencia entre lo que una organización dice y lo que hace, y el espacio físico es uno de los lugares donde esa coherencia se vuelve más visible y tangible. Un workplace gestionado bajo ESG comunica propósito de forma silenciosa pero constante. Desde la eficiencia energética, el uso responsable de recursos, los materiales sostenibles o la gestión de residuos, hasta la forma en que se promueve una movilidad más consciente o se prioriza la salud ambiental de las personas. Todo ello envía un mensaje claro: aquí se toman decisiones pensando en el impacto a largo plazo. Para la Gen Z, estos entornos refuerza el sentido de pertenencia porque conecta el trabajo diario con valores más am- “El verdadero bienestar no se comunica con gestos puntuales, sino con entornos que cuidan a las personas cada día”

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