/ Segundo trimestre 2026 124 ARTÍCULO TÉCNICO EFICIENCIA Y Sostenibilidad La sostenibilidad de los edificios ha dejado de firmarse para empezar a medirse. El WELL Building Standard es hoy la referencia internacional para certificar que un espacio cuida de verdad la salud de quienes lo ocupan, y su rasgo distintivo es exigente: no basta con un buen diseño ni con unas instalaciones adecuadas; hay que demostrar, con datos reales y sobre el edificio en uso, que el ambiente interior cumple. Para el ecosistema del Facility Management, eso convierte la calidad del aire y el confort en métricas verificables y, sobre todo, recurrentes. En su versión v2, WELL parte de una idea sencilla: cada requisito de salud y bienestar se traduce en umbrales concretos que un agente verificador acreditado comprueba mediante mediciones in situ una vez terminado y ocupado el edificio. Sin esa verificación de desempeño no hay certificación. El estándar no pregunta qué pretende el edificio, sino qué demuestra. Próxima versión: One WELL Lo más relevante, sin embargo, es hacia dónde se dirige el estándar. El International WELL Building Institute está desarrollando la próxima versión, presentada como “One WELL”, que supone un verdadero cambio de modelo. En lugar de saltos de versión cada cierto tiempo, WELL adopta un planteamiento evergreen: una única versión viva del estándar que incorpora mejoras graduales cada año, a medida que avanza la ciencia. A ello se suma una estructura armonizada, que unifica todos los programas WELL bajo un mismo marco, y un lenguaje reescrito para ser más claro y más fácil de aplicar a escala internacional. Tras cerrarse la fase de comentario público, IWBI ultima ahora la versión definitiva antes de abrir la inscripción. Ese giro tiene una consecuencia directa para el desempeño ambiental del edificio. Si el estándar deja de avanzar a saltos para evolucionar de forma continua, la calidad del ambiente interior también debe gestionarse de forma continua. Y aquí WELL hace una apuesta cada vez más explícita por la monitorización: el estándar reconoce con puntos la instalación de monitores ambientales permanentes y la divulgación de sus lecturas a los ocupantes. La lógica es clara: un edificio que mide en tiempo real puede reaccionar antes de que un parámetro se desvíe, y ese histórico de datos es, además, la base de las renovaciones de certificación. Demostrar años después que el edificio sigue cumpliendo resulta mucho más sencillo y fiable con un registro continuo que con una medición aislada. Calidad del aire y efectos sobre la salud El elemento central de todo este marco es la calidad del aire, y es donde WELL fija los umbrales más detallados. En los espacios regularmente ocupados, las partículas finas (PM2,5) no deben superar los 15 µg/m³, con reconocimiento adicional para quien las mantiene en 10 µg/ m³ o menos; las PM10 se limitan a 50 µg/ m³. Los compuestos orgánicos volátiles totales deben mantenerse por debajo de 500 µg/m³ (también se indican límites individuales para los diferentes COVs), con límites más estrictos para contaminantes específicos como el formaldehído. El dióxido de carbono –indicador indirecto de la eficacia de la ventilación– no debería rebasar las 900 ppm, y desciende hasta las 750 ppm en los niveles optimizados. A ello se añaden límites para el monóxido de carbono y el ozono. Son, además, los efectos sobre la salud mejor documentados de todo el estándar –desde la función cognitiva hasta los sistemas respiratorio y cardiovascular–, lo que explica que el aire ocupe Calidad del aire y confort: nuevos requerimientos WELL Bieito Silva Director de ACSOS
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